Bonnie Lohman tenía apenas 3 años cuando su madre y su padrastro se la llevaron, separándola de su padre biológico. La familia pasó por Saipán, donde vivieron en una choza, y posteriormente por Hawái, antes de instalarse en Colorado, Estados Unidos.
A mediados de los años 80, cuando Bonnie tenía 7 años, su padrastro la llevó excepcionalmente al supermercado. Allí le mostró un cartón de leche con su fotografía y le dijo que era famosa. La niña no entendía que sobre su rostro aparecían las palabras «niña desaparecida».
Su padrastro compró el cartón y, cuando terminaron la leche, le permitió recortar la fotografía y guardarla. Bonnie la dejó en su maletín de Barbies, sin imaginar que su padre biológico había conseguido incluirla en aquella campaña para encontrar niños desaparecidos.

Un día olvidó sus juguetes en casa de unos vecinos, quienes encontraron el recorte y terminaron alertando a las autoridades. Poco después, la policía llegó hasta la vivienda y Bonnie fue devuelta a su padre.
Pero el reencuentro no fue como podría imaginarse. Bonnie contó años después que sintió miedo porque no reconocía a su padre y que, en ese momento, lo único que quería era regresar con su madre. Con el tiempo pudo reconstruir su vida, estudiar y convertirse en enfermera.
