
Una niña se perdió en Zhanjiang, en la provincia china de Guangdong, y no recordaba ningún número de teléfono de su familia. No tenía fotos, no tenía datos. Solo tenía sus manos y un lápiz.
Así que hizo lo único que se le ocurrió: dibujó a su mamá. Un círculo por cara, dos rayitas por ojos, una sonrisa enorme y un peinado que parecía sacado de un cuento. Se lo entregó a los oficiales que la encontraron y les explicó, de manera muy seria, que esa era la persona que buscaban.
Los policías no tenían mucho con qué trabajar, pero el dibujo terminó siendo la pista que necesitaban. Preguntaron por el barrio preguntando a los vecinos y, contra todo pronóstico, alguien reconoció a la madre de la pequeña. Minutos después, madre e hija volvían a abrazarse, y esa hoja de papel arrugada quedó como el recuerdo más tierno de un día que pudo terminar muy distinto.
