Dos días. Eso fue lo que una niña venezolana se negó a descansar mientras los escombros de un terremoto sepultaban su casa y, con ella, a su morrocoy.

No importaba cuántas veces le dijeran que había cosas más urgentes que atender. Para ella, no las había. Su mejor amigo seguía ahí abajo, y no iba a irse sin él. Los bomberos, conmovidos por su insistencia, terminaron cavando entre el concreto hasta encontrarlo con vida.

El rescate se volvió viral en redes sociales como un respiro de humanidad en medio de una de las peores tragedias sísmicas que ha enfrentado Venezuela en más de un siglo. Porque a veces, el amor de una niña por su mascota puede más que el peso de los escombros.

