Fatima nació en Siria con anomalías craneofaciales y creció mientras su país se rompía en pedazos.
Ella acumuló ocho cirugías en cuatro países. La última, un año antes en Oriente Medio, le dejó un tubo de plástico saliendo de la fosa nasal.
Cuando llegó a Estados Unidos no hablaba una palabra de inglés. Hoy, con 16 años, lo aprende rápido. Y cuando intenta decir algo de su tierra, lo dice así: “Mi país es bueno”. Su madre la mira con lágrimas de orgullo.
Ahora está en manos del cirujano plástico Ernesto Ruas, en el Johns Hopkins All Children’s Hospital de Florida. Todavía espera la reconstrucción de la nariz, pero ya no espera sola.

