Ishara no soltó la red.
Tenía apenas unos segundos para reaccionar cuando el agua entró como un puño a la aldea de Khalte, en Rasuwa, Nepal. Su madre intentó sostenerla, pero la corriente fue más fuerte y se la llevó río abajo. Ishara quedó atrapada en una malla que la salvó, colgando entre el lodo y los escombros hasta que los equipos de rescate la encontraron con vida.

Su historia es una entre miles. El 26 de agosto, las inundaciones que bajaron por los ríos Bhotekoshi y Trishuli devastaron pueblos enteros entre Nepal y el Tíbet. La cifra de muertos ya supera los 900 y los desaparecidos se cuentan por miles. En los hospitales, familias enteras hacen fila con fotografías arrugadas, preguntando por sus hijos, sus padres, sus madres.
A pocos kilómetros de allí, Lok Bahadur Uchai Magar vivió su propio milagro: encontró con vida a su hija Manisha, de 5 años, 60 horas después de la inundación. Gita, la madre de la niña, sigue desaparecida.
