Una paloma del refugio de animales “The Orangery Retirement Home For Pigeons” en Escocia, comenzó a llamar la atención por un curioso ritual: todos los días regresaba al nido con pequeñas flores en el pico y se las dejaba a su pareja; luego la llenaba de besos.
La escena parece sacada de una película romántica, pero detrás de este curioso gesto hay una explicación científica que va mucho más allá del amor.
Las palomas pueden formar vínculos de pareja duraderos y, una vez establecido, ambos individuos participan en la construcción del nido, la incubación de los huevos y la alimentación de sus crías. Su comportamiento de cortejo incluye movimientos corporales, vocalizaciones y el contacto entre los picos, que puede parecer sorprendentemente parecido a un beso.

Incluso se han documentado casos de palomas que se dejan morir tras perder a su pareja de vida.
¿Pero qué pasa con las flores? Aunque resulte tentador pensar que la paloma está llevando un ramo para conquistar a su pareja, no existe evidencia de que las recoja específicamente como un “regalo romántico”. Las flores pueden terminar en el nido simplemente porque forman parte de los materiales que estas aves encuentran disponibles.
Eso no hace que la escena sea menos llamativa y mucho menos que carezca de amor verdadero.
