En 2012, una pareja británica decidió enviar una invitación de boda a Isabel II como una broma. No tenían ninguna relación con la realeza ni esperaban que algo ocurriera.

Su ceremonia se celebró en el ayuntamiento de Manchester el mismo día que la reina tenía una visita oficial por su Jubileo de Diamante. Desde el palacio recibieron una respuesta rechazando la invitación, así que todo parecía quedar en una simple anécdota hasta después del “sí”.

Luego de la ceremonia, les pidieron que esperaran unos minutos en un pasillo. Poco después, la reina apareció para felicitarlos personalmente, conversar con ellos y posar para fotos, sorprendiendo a todos los presentes.

No fue una asistencia formal a la boda, pero ese gesto inesperado convirtió el momento en un recuerdo inolvidable para la pareja.
