
Jordan Arkin pensó que era una tarde más en la sala de residentes de Patología del hospital NewYork-Presbyterian, en Nueva York.
Estaba en su tercer año de residencia y era jefa asistente de residentes. Entonces Lauren Mecca, una residente junior, le pidió que mirara una de sus láminas. Jordan se acercó al microscopio sin sospechar nada. Y ahí, entre las células teñidas de rosa, había dos palabras: “Marry Me”.
Confundida, levantó la vista y se dio la vuelta. Su novio desde hacía nueve meses, Ryan Baum, estaba de rodillas, con un anillo en la mano. Una propuesta pensada al detalle para alguien que se pasa los días mirando por un microscopio.
