Jane Rose, de 7 años, escribía su nombre una y otra vez en su cuaderno. No lo hacía por tarea: lo hacía porque en su comunidad de Cebú, Filipinas, casi nadie la llamaba así. Por su labio leporino, los niños solo la conocían como “bungi”, una palabra despectiva que la seguía a todas partes.

Aun así, ella nunca faltó a la escuela. Sueña con ser maestra y vive con su familia en una casa de bambú, sin electricidad ni agua corriente, compartiendo un pozo con todo el vecindario. Su papá, Eutigio, recolecta basura y no podía pagar la operación. Dos veces la solicitó de forma gratuita y dos veces se la negaron por problemas de salud de la niña. “Mi mayor miedo es que crezca sufriendo acoso toda su vida”, confesó.

La tercera vez, con Operation Smile Filipinas, Jane Rose pasó todos los exámenes. La cirugía duró apenas 45 minutos. Al día siguiente, se quedó mirando su nueva sonrisa en el espejo sin poder apartar los ojos. Hoy brilla en clase, ganó una medalla por estudiosa, participó en un concurso escolar y tiene muchos amigos. Los mismos niños que se burlaban ahora la llaman por su nombre. “Ya no soy ‘bungi’, soy hermosa”, dice ella.

