

Era lunes, llovía en Estambul, y una perra callejera caminaba sola por las calles de Beylikduzu con algo en la boca.
Era su cachorro recién nacido, y estaba muriendo de frío. La perra no dudó, no se desvió: caminó directo hasta la puerta de la clínica Beylikdüzü Alfa Veteriner, como si supiera exactamente dónde buscar ayuda. El técnico Emir la vio acercarse y tomó al cachorro de su boca. Estaba tan helado que al principio pensaron que ya no respiraba.


Con una aguja detectaron un latido débil, casi imperceptible. El veterinario Baturalp Oğhan y su equipo aplicaron adrenalina y usaron un secador de pelo para devolverle el calor al diminuto animal. El cachorro sobrevivió, y horas después se reencontró con un hermano que otras personas habían llevado esa misma tarde. Según el cofundador de la clínica, nunca antes un animal había llegado hasta ellos por sus propios medios.
