
El miércoles 12 de agosto, en el Centro Municipal de Castraciones de La Calera, Córdoba, una perra caniche murió durante una cirugía de castración. Antes de la intervención, el veterinario Daniel Gómez Rojas le había explicado a su familia durante unos 20 minutos los riesgos asociados al procedimiento, y los responsables del animal firmaron el consentimiento informado.
Después de la cirugía, Gómez Rojas salió a la sala de espera para comunicarle a la familia que la perra no había sobrevivido. La reacción del dueño fue violenta: primero golpeó una mesa, después una pared y finalmente se lanzó contra el veterinario. El primer puñetazo le produjo un corte en la cabeza y lo tiró al piso; según contó la presidenta del Colegio Médico Veterinario de Córdoba, Natalia Elstner, Gómez Rojas apenas pudo cubrirse con el brazo mientras los golpes continuaban. Tres personas que estaban en el lugar tuvieron que intervenir para separarlo.
El veterinario terminó hospitalizado y recibió varios puntos de sutura en la cabeza. Según su propio relato, quedó “noqueado”. El agresor se fue antes de que llegara la policía y hasta ahora no ha sido detenido, pese a la denuncia penal presentada al día siguiente. Mientras la investigación deberá determinar qué ocurrió durante la castración y si existió alguna responsabilidad profesional, Gómez Rojas asegura que ahora duda si quiere continuar ejerciendo la profesión.
