Sophie Cooper tiene 21 años y hace dos veía en esa crema una solución.

Era eccema, nada más. Su médico en Kent, Inglaterra, le recetó esteroides tópicos de potencia creciente durante 10 semanas. No funcionó, dejó de usarla, y meses después volvió con algo más fuerte. Nadie le explicó lo que pasaría cuando parara del todo. A finales de 2025 dejó el tratamiento por completo, y ahí empezó el infierno: llagas rojas y supurantes cubrieron el 95% de su cuerpo. Se llama síndrome de abstinencia de esteroides tópicos, y casi no hay investigación sobre él.

Ahora cambia las sábanas cada mañana porque sangran durante la noche. Ducharse es, en sus palabras, como si le vertieran ácido encima. Una hamburguesa con su novio le abrió llagas en la mandíbula. La confunden con una víctima de quemaduras. Y aun así, sigue publicando su historia para que nadie más se sienta solo con esto.

