75 libras de raya águila moteada lanzadas desde el océano a 25 millas por hora impactaron directamente el rostro de Judy Kay Zagorski el 20 de marzo de 2008, mientras navegaba en familia por las aguas de Vaca Key, cerca de Marathon, Florida. La mujer de 57 años, oriunda de Pigeon, Michigan, estaba sentada en la proa del bote junto a su hermana. Su padre, Virgil Bouck, de 88 años, conducía. A solo 500 yardas de la orilla, la raya saltó del agua y la golpeó con una fuerza que nadie a bordo pudo prever ni esquivar.

El médico forense del Condado Monroe, el Dr. Michael Hunter, determinó que Judy murió por traumatismo craneoencefálico severo: múltiples fracturas de cráneo y daño cerebral directo por fuerza bruta. No hubo veneno. No hubo ataque. La púa del animal nunca entró en contacto con ella. El impacto también mató a la raya. Jorge Pino, portavoz de la Florida Fish and Wildlife Conservation Commission, lo calificó como un “accidente fortuito”.

Lynn Gear, experta en fauna marina del Theater of the Sea en Islamorada, declaró que las rayas saltan con frecuencia para escapar de depredadores, dar a luz o liberarse de parásitos, pero que nunca había escuchado de una colisión así con un ser humano.

