En septiembre de 2023, una sequía extrema fue encogiendo el lago Tefé, en la Amazonía de Brasil, y el sol hizo el resto. El caudal llegó a la mitad y el agua se calentó unos ocho grados por encima de lo habitual. Dentro estaban los botos, los delfines rosados del Amazonas, y los tucuxis, sus parientes grises. Desde el 23 de septiembre empezaron a aparecer cuerpos, y el día 28, con el agua a 39,1 °C, se contaron unos 70 en una sola jornada.


Miriam Marmontel, bióloga del Instituto Mamirauá, contó que ese día los delfines nadaban en círculos y no conseguían bajar al fondo. Algunos murieron frente a ella. Los primeros reportes hablaban de más de 120 muertos; el balance de Mamirauá y WWF subió después a 153 o 154, cerca del 10% de los delfines del lago.
El calor es la causa más probable, aunque entre las hipótesis se barajó también una biotoxina. Sabes qué es lo más inquietante: un delfín de río se guía entre raíces y troncos con ecos, pero ningún eco le avisa cuando el agua misma empieza a arder.

