Fanqie Jiang Ye ideó un truco simple: conectó su silla gamer motorizada a las alertas de donaciones de su canal.
La regla era clara. Cada aporte de 7,50 dólares activaba el motor y la silla daba una vuelta completa a toda velocidad. Un juego inocente, hasta que su público descubrió que podía encadenar pagos.


Las donaciones empezaron a caer una tras otra, y la silla giró casi sin parar. Ella, que seguía en directo frente a la cámara, terminó visiblemente agotada y mareada, mientras el contador de dinero no dejaba de subir.
El episodio se volvió viral y abrió un debate en redes: unos lo ven puro entretenimiento, otros cuestionan el riesgo físico del vértigo extremo y hasta dónde puede llegar un streamer por una donación.
¿Tú pagarías por verla girar?
