El 14 de mayo de 2013, el investigador Dragan Arsovski dio vuelta una piedra en Golem Grad, una isla del lago Prespa, en Macedonia, y se quedó helado.
Debajo había una víbora cornuda joven, muerta, con la cabeza de un ciempiés asomando por su abdomen abierto. Los números hacen la escena todavía más extraña: la serpiente medía 20,3 centímetros y pesaba 4,2 gramos; el ciempiés, 15,4 centímetros y 4,8 gramos. La presa pesaba más que quien la cazó.

Al hacer la disección, los científicos notaron que los órganos de la víbora no estaban: todo el volumen de su cuerpo lo ocupaba el ciempiés. Su hipótesis es que la serpiente lo tragó vivo y que él se abrió paso por dentro. Nadie lo vio ocurrir, y ellos mismos dicen que no pueden confirmarlo. La herpetóloga Ljiljana Tomović lo resumió así: todos se asombraron y nadie había visto algo parecido. Ambos animales murieron.
