Durante años, algunas personas comienzan a notar una hinchazón progresiva en sus manos que deja de ser algo pasajero y se vuelve permanente. Los dedos se engrosan, la piel se tensa y el volumen no disminuye ni con reposo o al elevarlas.

Aunque la movilidad suele mantenerse, el aspecto cambia de forma evidente. Este problema se desarrolla lentamente y suele estar ligado a un daño acumulativo: las inyecciones repetidas en manos y muñecas terminan afectando los vasos linfáticos, dificultando el drenaje de líquidos.

Con el tiempo, esa alteración se vuelve crónica y da origen a una hinchazón por consumo de sustancias vía intravenosa, también llamado “síndrome de manos hinchadas”.

