Dos hombres, dos crímenes que sacudieron a Estados Unidos, dos reacciones completamente opuestas del público.

Tyler Robinson fue señalado por matar a una figura que muchas mujeres describían como una amenaza constante. Ninguna donación, ningún mensaje de apoyo, silencio total en redes. Luigi Mangione, acusado de matar a un director ejecutivo de una aseguradora, se convirtió casi de inmediato en símbolo de causa popular: recaudó 1,5 millones de dólares en donaciones de desconocidos que vieron en él algo distinto a un simple acusado de homicidio.

¿Por qué el mismo tipo de acto genera empatía en un caso y indiferencia total en el otro? La respuesta parece estar menos en el crimen y más en quién lo cometió, cómo luce y qué historia proyecta ante el público.

