Bella Hadid tenía 4 años cuando sus padres se divorciaron y su mundo cambió de dirección.

Se mudó con su madre, la modelo neerlandesa Yolanda Hadid, a Santa Barbara, California, lejos de su padre, el empresario palestino Mohamed Hadid. Ahí creció rodeada de una comunidad mayoritariamente blanca, siendo una de las pocas niñas árabes en su entorno.


Durante su adolescencia enfrentó episodios de racismo que la marcaron en silencio.

En una entrevista con GQ Magazine, la actriz y supermodelo confesó que uno de sus ‘mayores arrepentimientos’ es no haber podido vivir su cultura musulmana en el día a día ni practicar su fe junto a su padre.

Dijo que esa distancia la dejó sintiéndose ‘realmente triste y sola’ durante años.

Todo cambió cuando participó como invitada en la serie de Hulu Ramy, donde trabajar junto a un elenco mayoritariamente árabe y musulmán le permitió reconectar, por fin, con la parte de sí misma que había tenido que dejar atrás.
