
Los ladrones entraron a robar, no a cuidar mascotas. Pero esa noche de noviembre de 2015, en Wollaton, Inglaterra, algo salió distinto al plan.
Monica y Lance McGill llegaron a casa y encontraron el desastre típico de un robo: cajones abiertos, un portátil desaparecido, la cámara también. Pero en medio de todo eso, la pecera de Freddie, el pez dorado de la familia que llevaba 8 años nadando ahí (y que había costado apenas 89 centavos de dólar en un vivero), estaba hecha pedazos en el suelo. 🐠
Lo que nadie esperaba era encontrar a Freddie vivito y coleando en el fregadero de la cocina, nadando tranquilo en agua limpia. Los mismos ladrones que se llevaron sus pertenencias más valiosas se habían detenido a rescatar al pez antes de escapar.

Monica tiene su propia teoría: tal vez lo salvaron porque, a diferencia de las laptops con las fotos familiares irremplazables, Freddie no tenía seguro que reclamar. La familia ofreció 300 dólares de recompensa por sus cosas, pero al pez, al menos, ya nadie se lo iba a quitar.
