Aida Burkins tiene 22 años y vive en Estados Unidos. El año pasado tomó un vuelo como cualquier otro, y al aterrizar notó algo que casi todos hemos sentido alguna vez: los oídos no se le destaparon.

Pasaron los días y, en lugar de mejorar, todo empeoró. Perdió audición, un zumbido constante no la dejaba en paz, se sentía agotada, bajó de peso sin explicación y empezó a sangrar. Acudió a varios médicos, y todos coincidieron en la misma respuesta: eran los efectos prolongados de la altitud, nada de qué preocuparse.

Tú también habrías confiado en ese diagnóstico. Pero un médico decidió mirar más de cerca y encontró una masa bloqueando su trompa de Eustaquio. La derivó a un especialista en oído, nariz y garganta, y las tomografías confirmaron lo que nadie había imaginado: no era el vuelo, era un cáncer raro que había estado creciendo en silencio.
