A sus 10 años Vaughn llevaba meses guardando cada moneda de plata que encontraba en su casa, en Gillitts, Sudáfrica. Su plan era simple, juntar dinero para las vacaciones familiares con su mamá, Mandy.

Todo cambió por un hombre llamado Tony, empleado de una gasolinera Caltex, que siempre lo saludaba con una sonrisa cuando pasaban a cargar combustible. Con el tiempo se hicieron amigos, y hablaban de bicicletas cada vez que se veían. Un día, Tony les comentó que buscaba una a buen precio para poder comprarla él mismo.

Vaughn no lo pensó dos veces. Le preguntó a su mamá si en verdad quería ese viaje, y cuando ella dijo que sí, él respondió que prefería usar sus ahorros para regalarle la bicicleta a Tony. Fueron juntos a una tienda, la compraron, y la cara de Tony al recibirla lo dijo todo.

La historia se volvió viral cuando Mandy la contó en Facebook. La tienda les regaló vales de compra a ambos, y la empresa de Tony terminó pagándole las vacaciones que Vaughn había sacrificado. A veces la generosidad regresa multiplicada, justo cuando menos se la espera.

