Nadie se atrevía a decir nada, pero todos lo escuchaban.
En la zona de Jerusalén, en Puente Piedra (Lima), los vecinos oían cada madrugada los gritos de un anciano de unos 90 años. Según relataron, desde principios de año los episodios ocurrían al menos tres veces por semana. Una vecina aseguró que se escuchaba cómo lo golpeaban con un palo y cómo le golpeaban la cabeza contra la pared, mientras el hombre lloraba y pedía auxilio.

El presunto agresor era su propio hijo. En los videos grabados por los vecinos se le oye insultar al anciano, al parecer mientras le cambiaba el pañal: “¡Nadie de tu familia te quiere ver!” y “¡¿Soy tu empleado o qué?!”. El adulto mayor ya casi no podía caminar: primero usaba andador y luego pasó a una silla de ruedas. No tenía forma de defenderse ni de pedir ayuda a nadie.

La vecina que decidió denunciar lo hizo, según contó, por cargo de conciencia. Con las grabaciones como prueba, el caso llegó a la Policía Nacional del Perú, que detuvo al hijo por presunta violencia familiar y lo trasladó a la Comisaría de Zapallal. El proceso sigue su curso, pero hay una pregunta que nadie puede responder todavía: ¿cuántas madrugadas más habría sufrido el anciano si nadie hubiera grabado?
