Luis Ferrer, a quien todos conocen como “Grillo”, tiene 45 años y una panadería en Plaza Matheu, Argentina. Todos los días veía lo mismo: abuelos del barrio contando moneda por moneda para poder llevarse un poco de pan. Se le hacía un nudo en la garganta.

Decidió actuar. Bajó el precio del pan a la mitad para los adultos mayores. Ahora pagan menos por la misma calidad. Pero no solo es pan, también puedes llevar galletas por la mitad de su precio.

Grillo sabe lo que es batallar por un plato de comida: vivió en la calle desde los 12 años hasta que alguien le enseñó el oficio. Hoy, junto a su panadería, dirige una escuela donde 25 chicos en situación vulnerable aprenden a ser panaderos. Y cada noche, entre las 7 y las 9, regala todo el pan que sobra a quien lo necesite. “En este local no se tira lo que queda”, dice. Se entrega.

