Veinte años. Eso tardaron esas manos en transformarse así.

Lo que ves se llama gota tofácea, la etapa más avanzada de una enfermedad que empieza silenciosa: cristales de ácido úrico que se acumulan en las articulaciones y, con el tiempo, forman masas visibles bajo la piel llamadas tofos. No aparecen de un día para otro. Se construyen lentamente, articulación por articulación, cada vez que el ácido úrico se dispara y nadie lo controla a tiempo.

La gota es más común de lo que parece: afecta a 2 de cada 100 personas, según reportes médicos. La mayoría nunca llega a este punto porque recibe tratamiento a tiempo. Pero cuando el cuerpo pasa dos décadas sin freno, las manos terminan contando la historia que la sangre no pudo ocultar.

