Velocista se rompió el isquiotibial en plena semifinal olímpica y su padre bajó de las gradas para acompañarlo hasta la meta

Por Josefina Reyes
5 October, 2026

Derek Redmond no pensó en la medalla.

Barcelona, 1992. El velocista británico había ganado su serie y su cuartos de final, y era una de las grandes esperanzas de Gran Bretaña en los 400 metros. Cuatro años antes se había perdido Seúl por la rotura del tendón de Aquiles y había pasado por varias operaciones para volver. En plena semifinal, algo se rompió en su pierna derecha: el isquiotibial. Cayó. Los demás corredores siguieron. Él se levantó.

Avanzó cojeando, solo, con el estadio entero mirándolo. Entonces alguien bajó de las gradas, esquivó a los oficiales de seguridad y lo alcanzó en plena pista. Era Jim Redmond, su padre. Derek recordaría que le dijo: «Derek, soy yo. No tienes que hacer esto». Él respondió que quería terminar. Según contó después, algunos guardias llegaron a llevarse la mano al arma sin saber quién era aquel hombre; Jim solo dijo: «Déjenlo, soy su padre».

Los dos recorrieron juntos los últimos metros, con unos 65.000 espectadores aplaudiendo de pie. Derek fue descalificado oficialmente por haber recibido ayuda. Aquella fue su última carrera de 400 metros. Jim, que fue portador de la antorcha en Londres 2012, murió en octubre de 2022, a los 81 años.

A la BBC le explicó su decisión con una frase: pasara lo que pasara, Derek tenía que terminar, y él iba a ayudarlo.

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