Vendió un riñón, se corto el cabello, se hizo pasar por hombre durante años para trabajar lejos del acoso de los hombres y así poder mantener a sus tres hijos

Por Alexander López
20 August, 2026

Baheya Ali Suleiman tenía 32 años cuando su mundo se partió en dos.

Su esposo sufrió un accidente que lo dejó sin poder moverse ni trabajar, y de un día para otro ella se convirtió en el único sostén de sus tres hijos en Beni Suef, Egipto.

Primero condujo el tuk-tuk familiar. Después entró a la construcción, cargando ladrillos y arena junto a decenas de hombres que no la dejaban en paz.

Para escapar del acoso, tomó una decisión radical: se cortó el cabello, cambió el velo por ropa de hombre y durante años trabajó bajo el nombre de “Bakar”.

De día levantaba paredes; de noche volvía a subirse al tuk-tuk para juntar unos pesos más. Ni así alcanzaba. Las deudas la ahogaban tanto que llegó a vender uno de sus riñones por unos 800 dólares con tal de saldarlas.

Cuando su historia llegó a la televisión egipcia, todo un país descubrió que detrás de “Bakar” había una madre que había apostado su propio cuerpo por sus hijos.

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