El gobierno de Trump tiene un mensaje claro para los aficionados extranjeros del Mundial 2026: vengan, gasten y váyanse. El vicepresidente JD Vance lo dijo sin rodeos en un evento con Trump y el presidente de la FIFA: quienes no abandonen el país al terminar sus partidos “tendrán que hablar” con las autoridades migratorias. El secretario de Transporte Sean Duffy fue igual de directo: “Visiten los Estados Unidos, pero no se queden más allá del tiempo que autoriza el visado.”

Para muchos, el mensaje es una contradicción brutal. Se proyecta que 1,2 millones de visitantes extranjeros gasten más de 11.000 millones de dólares y generen 185.000 empleos. Sin embargo, hoteles en Nueva York ya reportan baja demanda: un 60% de los hoteleros cita las barreras a viajeros internacionales como causa directa. En Los Ángeles, la demanda es igual a la de un verano normal, sin Mundial.

¿Es legítimo exigir que los turistas respeten las reglas migratorias, o el gobierno está mordiéndose la mano que lo alimenta justo cuando más necesita el dinero extranjero?.

