El auto avanzaba tranquilo por la autopista A21, entre Piacenza y Turín. Al volante, un padre. A su lado, su esposa. Atrás, su hijo de 31 años, en silencio.

Creyeron que dormía. En realidad, un paro cardíaco lo había matado sin darle tiempo a pedir ayuda, y ellos siguieron manejando durante 100 kilómetros sin sospechar nada. Recién se detuvieron en un área de descanso cerca de Voghera, provincia de Pavía, cuando notaron que no respondía a sus llamados.

Un médico llegó al lugar y certificó lo que ya era evidente: no tenía pulso. Los padres reconstruyeron después el momento exacto en que su hijo dejó de responderles, unos 100 kilómetros antes de detener el vehículo, sin que ninguno de los dos notara la diferencia entre el sueño y la muerte.

