Ruby Tuesday Matthews no esperaba que su propio teléfono la tratara como a una extraña.
La influencer australiana, de 33 años y madre de tres hijos, viajó desde Byron Bay hasta la clínica Ilchi, en Seúl, para someterse a un lifting endoscópico el viernes 21 de agosto. La cirugía duró cuatro horas, y apenas terminó volvió al hotel a dormir, con tubos de drenaje recorriéndole el cuerpo. Su objetivo, según contó, nunca fue cambiar su aspecto: quería verse “más fresca y despierta” y recuperar parte del volumen que su rostro había perdido con el tiempo.

A la mañana siguiente, ya sin el drenaje ni las cintas, descubrió un problema inesperado: el Face ID de su iPhone no la reconocía. Como casi todas sus apps piden doble verificación, ni siquiera podía abrir sus mensajes, así que terminó en una tienda Apple. “Mi cara es como un globito inflado con ranuras en los ojos”, dijo. Y creía que aquello era lo peor, hasta que al tercer día el hinchazón alcanzó su punto máximo: tuvo que dormir sentada y admitió que nunca había tenido la cara tan inflamada.

Matthews decidió mostrarlo todo porque no quería fingir que despertó diez años más joven de un día para otro. “No me operé para volverme otra persona”, respondió a las críticas de una seguidora. “Lo que ves ahora es hinchazón, no una cara nueva, y no voy a avergonzarme por ser honesta.”

