

Antonia llegó muy enferma a la Clínica Veterinaria NOGALVET.
Tenía parvovirus, una infección que ataca fuerte y rápido, sobre todo en los cachorros, y que sin tratamiento a tiempo puede ser mortal. Durante días permaneció bajo cuidados médicos mientras su cuerpo luchaba contra el virus, y nadie sabía con certeza cómo terminaría esa historia.
Cuando finalmente logró recuperarse, el equipo veterinario no se conformó con darle el alta. Sacaron serpentinas de colores y empezaron a bailar alrededor de ella para despedirla, como si fuera una fiesta de graduación. La escena quedó grabada porque mostraba algo que pocas veces se ve: el cariño real detrás del uniforme.
Su recuperación también es un recordatorio silencioso: mantener al día la vacunación puede ser la diferencia entre una fiesta como esta y una historia con otro final.
