El agua no cae. Se queda.

Ese fue el hallazgo que Chris Hadfield, astronauta canadiense a bordo de la Estación Espacial Internacional, mostró en un video que sigue dando vueltas por internet desde 2013. Tomó una toalla húmeda y la escurrió frente a la cámara, esperando lo obvio: que el agua goteara como en cualquier baño en la Tierra. No pasó eso.
En lugar de caer, el líquido se pegó a la toalla y comenzó a extenderse lentamente por sus manos, formando una capa que parecía tener vida propia. La razón es la tensión superficial: sin gravedad que tire el agua hacia abajo, las moléculas se aferran entre sí y a cualquier superficie cercana, creando ese efecto que parece sacado de otra dimensión.
Lo curioso es que el experimento no salió de la NASA ni de ningún laboratorio de élite. Lo diseñaron dos estudiantes canadienses de secundaria, con la curiosidad simple de saber qué pasaría con algo tan cotidiano como escurrir una toalla, fuera de las reglas que conocemos en la Tierra.
