No hicieron falta palabras para entender lo que sentían.
Las pieles de dos vacas en Mongolia quedaron colgadas frente al resto de la manada, lo que llamó la atención de una de ellas. De pronto, sus dolorosos gritos alertaron a los demás bovinos. El rebaño se acercó despacio a olerlas mientras vocalizaban de una forma que cualquiera reconocería como angustia. No se apartaron. Se quedaron ahí, rodeando lo que quedaba de sus compañeras, como si necesitaran comprobar con el cuerpo lo que ya sabían.
Sin embargo, las imágenes por sí solas no permiten saber qué estaban sintiendo las vacas. Aunque está demostrado que los bovinos forman vínculos sociales y pueden vocalizar intensamente ante la separación y otras situaciones de estrés, esos mismos sonidos no bastan para hablar científicamente de duelo.
También es posible que el olor de las pieles, su presencia como objetos extraños o una situación de alerta provocara parte de la reacción. Por eso, aunque las imágenes resulten difíciles de mirar sin interpretarlas desde nuestras propias emociones, afirmar que estaban “llorando a sus compañeras” sería ir más allá de lo que el video permite comprobar.
