José Valvenarque Bezerra pone el despertador a las 4 de la mañana. Todos los días. Desde hace 10 años.

Mientras el estado de Piauí, en Brasil, todavía duerme, él ya está preparando comida y agua para cerca de 200 perros y gatos que no tienen dueño ni techo. Recorre la ciudad punto por punto, con el apoyo de algunas personas que se sumaron a su causa, y no se limita a dejar el alimento: se detiene a mirar a cada animal, revisa si cojea, si tiene una herida, si algo en su cuerpo pide ayuda.
Cuando encuentra a uno enfermo, no lo deja pasar. Busca orientación, gestiona tratamiento, insiste hasta conseguir que alguien lo atienda. Diez años de madrugadas, sin pedir nada a cambio, sostenidos por la idea simple de que ningún animal debería pasar hambre en la calle.
