Carolina Moreno, 27 años, de Alberta, Canadá, se quedó dormida en el hospital poco después de las 4 de la mañana. Tenía solo cuatro centímetros de dilatación, una epidural puesta y horas de contracciones encima., por lo que calculó que el parto aún estaba lejos.
Tres horas después, una enfermera entró a su habitación porque el monitor fetal había dejado de detectar el latido del bebé…
Al pedirle a Moreno que cambiara de posición, la enfermera levantó las sábanas y encontró al recién nacido boca abajo, en silencio, entre las piernas de su madre: No había llorado.
Carolina, que estaba despierta en ese momento, pensó que su hijo había muerto. La enfermera actuó de inmediato y lo hizo llorar en segundos. Se estima que el bebé estuvo solo en la cama entre seis y siete minutos.
Ambos fueron declarados completamente sanos. Pero Moreno describe el nacimiento de su tercer hijo como uno de los momentos más traumáticos de su vida: no pudo vivirlo consciente, y la angustia de creer que lo había perdido opacó por completo el instante en que le dijeron el sexo del bebé, que habían guardado como sorpresa durante nueve meses.
