39 segundos. Ese fue el tiempo que separó dos de los terremotos más destructivos que Venezuela ha sufrido en décadas. El 24 de junio de 2026, a las 18:04 horas, el primero llegó con magnitud 7.2 y epicentro a 28 kilómetros del municipio San Felipe, en el estado Yaracuy. Antes de que la tierra terminara de moverse, un segundo sismo de magnitud 7.5 , aún más potente, golpeó desde apenas 23 kilómetros de Yumare. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) denominó el fenómeno ‘doblete sísmico’: dos grandes terremotos casi simultáneos en la misma zona, un evento extraordinariamente infrecuente.


En Caracas, el resultado fue devastador. Al menos cuatro edificios colapsaron en los barrios de Los Palos Grandes, Altamira y San Bernardino. El aeropuerto internacional de Maiquetía Simón Bolívar fue cerrado por daños estructurales. El servicio de gas cortado en toda la capital. Cortes de luz y de señal en múltiples zonas. La presidenta interina Delcy Rodríguez confirmó 32 muertos y más de 700 heridos; 15 personas permanecían desaparecidas en la madrugada del 25 de junio. Los sismos también se sintieron en Bogotá, Curazao y Aruba, y se emitió, y luego canceló, una alerta de tsunami para Puerto Rico e Islas Vírgenes.


Lo que hace al momento aún más perturbador es el contexto: Venezuela celebraba ese día el feriado por la Batalla de Carabobo, la fecha que conmemora su independencia de 1821. Testigos en distintos puntos de Caracas describieron escenas que no veían desde el gran terremoto de 1967. La comparación que más repiten los sismólogos, sin embargo, es con el terremoto de Cariaco de 1997, el último en dejar una huella comparable en el país.
