


Nadie les avisó lo que iba a pasar en sus corazones.
Los gatitos venían del refugio Meowdog Animal Rescue, todavía en hogar temporal, esperando una familia. Alguien tuvo la idea de llevarlos a visitar un hogar de reposo, pensando que sería una tarde cualquiera de compañía. No lo fue.
En cuanto los pusieron en los brazos de los residentes, algo se movió. Una señora de cabello canoso frunció el ceño intentando disimular lo que sentía mientras un gatito le estiraba la patita hacia la cara, como pidiendo permiso para quedarse. No hizo falta que dijera nada: la mirada ya lo decía todo. Otros abuelos sonrieron, acariciaron, susurraron cosas que solo ellos y los gatos entendieron.
A veces el cariño no necesita presentaciones. Solo un ser pequeño y tibio que recuerde a alguien mayor que todavía puede cuidar, y que todavía puede ser amado.
