Thomas no lo pensó dos veces.

Ben Campbell, psicólogo de Michigan, se había comprado una dentadura postiza gigante para reírse un poco. La dejó sobre la mesa apenas un momento. Fue suficiente para que su terrier de Yorkshire la agarrara con la boca y, en vez de destrozarla como cualquier perro haría con un juguete nuevo, se la acomodó del lado correcto. Ahí estaba Thomas, con una sonrisa blanca y perfecta que ningún humano podría lucir mejor.

Ben intentó recuperarla mientras grababa todo con el celular, entre risas que apenas lo dejaban respirar. “Thomas, ¿qué estás haciendo?”, le preguntaba una y otra vez, sin obtener más respuesta que esa mirada orgullosa del perrito con su nueva dentadura.
El video acumuló cientos de miles de reproducciones y logró lo que ningún remedio en cuarentena pudo: sacarle una carcajada real a miles de familias encerradas en casa.
