Chen Chung-ho no tropezó ni se cayó: entró a la fosa de un león y una leona en el zoológico de Taipéi, en Taiwán, y les gritó que lo mordieran.


Al principio los animales parecían tranquilos. Los gritos y las maromas que hacía con su chaqueta los pusieron a la defensiva. El león se lanzó, le rasgó la prenda y le mordió el brazo; la fuerza del golpe lo tiró de espaldas y el felino se le fue encima, mordiéndole brazo y pierna una y otra vez. En ese momento, cualquiera habría corrido. Chen no: extendió los brazos y recitó una oración. La frase que le atribuyen los medios es “Jesús los salvará”.


El personal del zoológico tuvo que usar mangueras con chorros de agua para distraer a los leones y luego lanzarles dardos tranquilizantes para sacarlo.


Salió con vida, con heridas múltiples en brazos y piernas, y lo llevaron a un hospital. Allí los médicos lo derivaron a una clínica psiquiátrica. Según miembros del zoológico, estaba delirando e intentaba recrear la escena bíblica de Daniel y los leones, en la que Dios lo salva.
