

Lynnette Bellin conocía el agua mejor que nadie. Instructora certificada de natación, llevaba años enseñando técnicas de auto-rescate a otras personas. Nunca imaginó que las necesitaría ella misma un domingo cualquiera, nadando cerca de la orilla este del lago Tahoe.
Algo la tomó por la pierna y la arrastró bajo el agua. Al salir a la superficie descubrió que era una nutria de río, un animal que rara vez ataca a los humanos, y que durante cinco minutos siguió atacándola con dientes y garras. Le arrancó las gafas de nadar y le abrió heridas en la sien, la mejilla, la nariz, los brazos y el pie derecho.
Bellin logró trepar a una roca y, ya lejos del agua, caminó casi un kilómetro ensangrentada hasta Hidden Beach, donde otras personas alertaron a emergencias. Terminó con 38 puntos de sutura, 22 solo en el pie, y semanas después debió operarse la mano izquierda por una infección. El Departamento de Vida Silvestre de Nevada fue honesto: nunca habían visto un caso así.
