Comerse una tarántula viva frente a la cámara le costó mucho más que views. La influencer mexicana Ana Kare —que publicó el video como un desafío para ganar likes— empezó a perder sensibilidad en la boca y parte del rostro apenas minutos después de ingerirla. Lo que ella llamó una “experiencia gastronómica” se convirtió en una emergencia médica.
El culpable no fue el veneno, sino algo mucho menos obvio: las setas urticantes, esos pequeños pelos que cubren el cuerpo de las tarántulas. Técnicamente son estructuras de queratina con punta microscópicamente afilada. Cuando la araña se siente amenazada, los lanza como proyectiles diminutos que se incrustan en la piel, los ojos o —en este caso— las mucosas de la boca y la garganta, desencadenando inflamación y bloqueo nervioso local.


Las tarántulas no son comestibles de impunidad. El video se viralizó, pero la lección quedó grabada en su cara, literalmente. 🕷️
