El gran peligro de las transmisiones en vivo es que muestran la verdadera naturaleza de las personas, sin filtros ni segundas tomas. Esto lo aprendió de la peor manera un pastor que se ha convertido en el enemigo público número uno.
Mientras realizaba una transmisión para sus fieles, una camarera se acercó amablemente a dejarle un vaso de agua. Fue en ese instante donde la actitud del hombre cambió por completo. Con evidente desprecio y prepotencia, el pastor la reprendió frente a la cámara:
“Esto es un tamaño para niños, una muestra gratis. Soy un adulto, trae un tamaño de adulto”.
Ante las disculpas de la trabajadora, él continuó atacándola asegurando que “estaba arruinando todo su vídeo” y que había mucha gente mirando.
Lo que el hombre no calculó fue el poder del en vivo. Al notar que su actitud prepotente quedó registrada, le ordenó a su camarógrafo que “borrara esa parte”.
Cuando este le advirtió que era imposible porque estaban transmitiendo en directo, el pastor dio un giro de 180 grados que terminó por enfurecer a la audiencia.
