El 28 de mayo de 2016, el gorila Harambe fue asesinado por sus propios cuidadores, luego de que un niño de 3 años se escabullera en su recinto. Según muchos, él ni siquiera quería hacerle daño, sólo lo estaba protegiendo. “El gorila mantuvo al niño cerca suyo, algo que sus propios padres no hicieron”.

Harambe, de 200 kilos, comenzó a arrastrar al niño por el agua, y hay quienes creen que sólo quería sacarlo del peligro de ahogarse, aunque otros aseguran que la escena podía ser potencialmente mortal para el pequeño.
El personal del Zoológico de Cincinnati, Ohio, Estados Unidos, decidió optar por asesinar a Harambe a balazos. El niño salió ileso, solo con heridas leves.

Hoy, 10 años después, la escena vuelve a reabrir el debate: ¿fue culpa de los padres por no cuidar a su hijo? ¿Debía ese gorila estar expuesto a tanta gente en un ambiente que ni siquiera era su hábitat natural?
