
Miguel Ángel Ríos Córdoba tenía 28 años y golpeaba a un perro en plena vía pública cuando dos personas se detuvieron a reclamarle.
Lo que empezó como un cruce de palabras en la vereda Santa Lucía, cerca de Fusagasugá, Colombia, escaló en segundos. Los reclamos se volvieron empujones, los empujones se volvieron navajas, y al menos dos atacantes lo apuñalaron hasta dejarlo tendido en el pavimento. Los vecinos que corrieron a auxiliarlo ya no pudieron hacer nada.
La Policía de Fusagasugá detuvo a uno de los responsables por presunto homicidio y aún busca al segundo. Pero en redes, muchos no piden justicia para los atacantes: piden que corran con suerte. Un comentario resume el sentir de miles: “No son asesinos, son héroes”. La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿hasta dónde debería llegar la furia ciudadana cuando la ley no llega a tiempo?
