Kim Kardashian no necesitó una alfombra roja. Bastó una simple llegada para que todas las miradas se fueran a su mano. Ahí colgaba un Hermès Kelly diminuto, de brillo metálico, fabricado en plata esterlina. No era cuero ni lona. Era metal, y eso cambia todo.

Se trata de una pieza de edición limitada, tan exclusiva que su valor ronda los 200.000 dólares. Esa cifra equivale a lo que cuestan varios autos nuevos, y aquí cabe en un accesorio que apenas alcanza para guardar un labial y el teléfono.

Así, un bolso pequeño se convirtió en el centro de un momento de moda.
