Mayme Mosteller llevaba una hora viendo cómo se enfriaba la pizza.
La mamá, de 29 años, había organizado en Springdale, Arkansas, una fiesta en un splash pad para el tercer cumpleaños de su hijo Miles. Invitó a amigos, a otras mamás con niños de su edad, armó un evento en Facebook. Pero llegadas las siete de la noche, con los cupcakes derritiéndose al sol, entendió que casi nadie iba a aparecer. Le escribió a su grupo de amigas fuera del estado, rota, sintiendo que le había fallado a su propio hijo. Fue Kellie, una de ellas, quien le dijo algo que sonaba casi absurdo: llama a los bomberos.

Mosteller marcó el número no urgente del Departamento de Bomberos de Springdale sin muchas esperanzas. Estaban por irse cuando vio entrar el camión. Miles salió corriendo hacia él sin dudarlo un segundo, convencido de que esos hombres habían llegado solo por él. Y en cierto modo así fue: le dieron su primera insignia de bombero, lo dejaron subir, tocar la alarma, recorrer cada rincón del vehículo. Un día antes, Miles había dicho que quería ser bombero de grande.

“Ahora, en lugar de recordar quién no vino, me quedo con quiénes sí estuvieron”, cuenta Mosteller. El video que subió para agradecer a la Estación 8 terminó viéndolo medio mundo.
