Cuando Michael Palacios intentó usar el baño del McDonald’s en Manhattan, pero el guardia de seguridad se lo negó porque, según no estaba permitido su uso a esa hora, nadie se imaginó que esto iba a desencadenar una peligrosa pelea.


La frustración escaló rápido tras intercambiar insultos con otros clientes que se metieron en la disputa. Tres hombres se lanzaron contra él y comenzaron a golpearlo. Fue entonces cuando Palacios, tras recibir varios puñetazos, sacó un hacha de su mochila.


Mientras los atacantes retrocedían en pánico, él destruía mesas y paredes de cristal para “asegurarse de que no lo volvieran a tocar”. Michael confesó que había bebido y que lleva el arma habitualmente para defenderse de conductores en la calle. Ahora enfrenta cargos por posesión de armas y daño criminal.
