En Jicamarca, Perú, un niño llegó al colegio J. Ingenieros con algo más que su mochila, llevaba a Perla, su perrita, para despedirse de ella.

Su papá se había quedado sin trabajo y en casa ya no alcanzaba ni para el pan, mucho menos para alimentar a una mascota que empezaba a mostrar los huesos bajo el pelaje. Con la voz quebrada, el niño le explicó todo al director mientras la acariciaba por última vez. No pidió nada para él. Solo una oportunidad para ella.

El director la abrazó y le prometió que Perla estaría bien. El colegio trabaja con un albergue animal, así que la perrita recibió atención veterinaria, comida y un techo seguro. Hoy ya no tiene garrapatas ni pulgas, está sana El sacrificio se transformó en la mejor noticia que ese niño pudo recibir.
