Carlos Garay tomó una decisión que pocos empresarios se animan a decir en voz alta.

El gastronómico contó que un joven de poco más de 20 años renunció a su trabajo, y cuando le preguntó el motivo, la respuesta lo dejó pensando: “No quiero más trabajar”, le dijo. Después agregó que estaba enamorado y que su nuevo plan era dedicarse a repartir pedidos en moto. Ese momento, según Garay, terminó de convencerlo. Desde ahora, prefiere sumar a su equipo solo a personas mayores de 40, 50, 60 o incluso 70 años. Promete tratarlos bien y pagarles bien, algo que muchos mayores sienten que el mercado laboral les había negado durante años.

Su caso no es aislado. En Paraguay y en otros países de América Latina, cada vez más empresarios y responsables de recursos humanos coinciden en que los adultos mayores de 40 son más estables y comprometidos. Una edad que hasta hace poco se consideraba un obstáculo para conseguir empleo, hoy empieza a convertirse en una ventaja.
