Chatchai “Sam” Parn-uthai, de 32 años, vive en Kanchanaburi, Tailandia, y cría solo a sus dos hijos, Ozone e Imsome, desde que la madre de los niños se mudó a Europa tras la separación.
Cuando la escuela organizó su ceremonia del Día de la Madre, él no dudó: le pidió prestado un vestido rosa a su propia madre, se sujetó el pelo con una flor y caminó hasta el salón de Wat Trai Rattanaram Charity School para que sus hijos tuvieran a alguien a quien abrazar ese día.
Una amiga, Kornpat Ae Sukhom, grabó la escena sin imaginar que terminaría viéndola casi 6 millones de personas.
No hubo drama ni discursos: solo un padre convertido por una tarde en la figura que faltaba, para que Ozone e Imsome no se sintieran distintos al resto de sus compañeros.
A veces el amor no necesita explicaciones, solo la disposición de ponerse algo incómodo por quien más quieres.
